sábado, mayo 02, 2009

Confesión de fe crítica

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He leído el libro del padre Alfonso Llano Escobar, titulado "Confesión de fe crítica" y creo oportuno hacer un comentario personal sobre el particular.


En primer lugar, me parece que siempre es loable cualquier esfuerzo que se haga por expresar libremente lo que se piensa, máxime cuando se ha dedicado toda la vida al estudio y reflexión del tema en cuestión. Y más loable aún es ponerlo por escrito de una manera más o menos sistemática. Escribir siempre implica un esfuerzo intelectual arduo que merece todo el reconocimiento.


El título del libro expresa claramente el contenido del mismo: se trata de una confesión de fe basada en la reflexión teológica de muchos años y apoyada en la experiencia del autor y la contribución de muchos teólogos de amplio reconocimiento. No es, por tanto, un tratado teológico ni tiene la pretensión de sentar doctrina en cuestiones de fe.


Nos invita a pasar de la "fe de carbonero" propia de quienes se inician en la vida de fe y requieren "beber leche", como dice san Pablo, a la "fe crítica", propia de quienes han caminado ya un tiempo en su experiencia con Cristo resucitado y quieren profundizar en el misterio de Dios y el misterio del hombre, es decir, que ya están en capacidad de recibir "alimento sólido".


En este tránsito, necesariamente el autor toca temas álgidos respecto a verdades de fe que pueden irritar sensibilidades o despertar sospechas, pero es muy honesto al advertir al lector sobre la libertad que tiene para leer o no leer sus apuntes y compartir o no sus conclusiones. Entre los temas delicados que aborda se encuentran la pre-existencia de Cristo, su resurrección, la virginidad de María, la infalibilidad del Papa y la postura del Magisterio de la Iglesia frente a temas de moral sexual, particularmente.


El autor se esfuerza por hacer comprender al lector que sus críticas son constructivas y que nacen de un corazón que ama a Cristo, a María, la madre de (el Hijo) de Dios y a la Iglesia. También se esmera en apoyar sus argumentaciones en autores católicos de gran renombre, muchos de los cuales no han sido condenados o vetados por las autoridades eclesiásticas. En ello se vislumbra un cierto temor a ser censurado, lo cual es comprensible dados los antecedentes ampliamente conocidos de conflictos con la autoridad a raíz de sus escritos en el diario El Tiempo y otros.


En la parte final del libro afirma, creo que con razón, que gracias a teólogos audaces de todos los tiempos, se han dado los cambios necesarios y saludables en el pensamiento y posturas de la Iglesia sobre múltiples temas teológicos. Basta el ejemplo de la Reforma luterana. Pero estos cambios son mucho más saludables cuando es posible hacerlo desde dentro de la Iglesia, y no fuera de ella, para lo cual es imprescindible una actitud humilde y una capacidad de autocrítica sincera tanto de parte de la jerarquía eclesiástica, que debe estar al servicio del pueblo de Dios y no de sus intereses particulares; como de los teólogos que deben estar al servicio del evangelio y no de su propio ego intelectual.


En suma, comparto algunos de sus enfoques y disiento de otros, pero más allá de eso, quiero resaltar el valor del autor para poner por escrito su pensamiento de una manera humilde y respetuosa. Creo que lo que sigue para todo aquel que lea su obra es tomar una postura propia frente a ella, libre de exacerbamientos fundamentalistas o asentimientos ingenuos. Lo que me queda claro es que las distancias entre la comprensión de la fe por parte de las élites de la Iglesia y los círculos teológicos, y el hombre y la mujer "de a pie" deben irse acortando paulatinamente para que el misterio de Cristo y de la Iglesia mantenga su vigor y siga siendo significativo para la sociedad moderna.

2 comentarios:

  1. Hey!! Vas contra la santa doctrina una, santa, católica, apostólica y romana. Me extraña que perteneciendo a una comunidad clerical y anquilosada en el pasado, por tanto, tradicionalista, compartas alguna idea con Alfonso Castellano. Deberías ser sancionado, recibir un baculazo. Eso creo hermano... somos católicos romanos, legalistas, no olvide eso, lo demás... anatema sea.

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    1. Gustavo, percibo ironía en su comentario. En todo caso los epítetos y las ironías le restan estatura moral y académica a nuestras opiniones. En cuanto a mí, no voy contra nada sino en pro de una sana dialéctica.

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